Historia de Normandía – La Revolución y el Siglo XIX

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Primera publicación: diciembre de 2025

Bienvenido a otro capítulo de nuestra gran serie sobre la historia de Normandía — ese camino largo, retorcido y deliciosamente testarudo que ha dado forma a La Manche tal como la conocemos hoy. Si los siglos anteriores nos regalaron duques, revueltas, canteros, corsarios, catedrales, diplomacia a base de sidra y la cantidad justa de brujería para mantenerlo interesante, la Revolución Francesa y el siglo XIX llegan para revolverlo TODO de nuevo. Y con fuerza.

En este capítulo encontrarás: monarquías tambaleantes, impuestos absurdos, contrabandistas a caballo, motines por el pan, una moneda que se deshace como harina en el viento, guerrillas realistas, Napoleón dando órdenes en Cherburgo, soldados que regresan, faros, folklore, fe renovada, granito, escuelas… y un detallito maravilloso: en Normandía, la mayoría de las personas acusadas de brujería eran hombres. La Manche ha sido sorprendentemente “pro-mujer” desde hace siglos. 😉

Abróchate el cinturón. Este es el momento en el que La Manche deja atrás el mundo medieval y entra en la modernidad — sin ruido, sin pompa, sino con esa mezcla tan normanda de pragmatismo, miradas de lado y juicios silenciosos.


Antes de la tormenta: Normandía se convierte oficialmente en “La Manche”

La Revolución no solo derriba una monarquía: redibuja todo el mapa de Francia. En 1790, las antiguas provincias desaparecen y nacen los departamentos. Así es como surge nuestro querido departamento de La Manche.

Con Coutances como centro administrativo inicial, el nuevo sistema introduce:

  • un prefecto y una estructura administrativa centralizada,
  • impuestos estandarizados,
  • registros uniformados,
  • y una burocracia que —como todos sabemos— nunca ha dejado de crecer.

Más tarde, la prefectura pasa a Saint-Lô, lo que cambia sutilmente el equilibrio regional. Pero la identidad manchiega —costera, rural, de granito, obstinadamente independiente— nace aquí.


Llega la Revolución: La Manche intenta mantener la calma

Y mantener la calma no es fácil cuando el gobierno en París cambia de forma cada pocos meses y oscila entre el idealismo puro y el pánico absoluto.

Los impuestos se hunden, los mercados se tambalean, se confiscan tierras parroquiales, aparece la amenaza de la leva obligatoria y los rumores corren más rápido que los hechos. La Manche ya estaba hirviendo — y, francamente, eso es lo que pasa cuando a alguien se le ocurre poner impuestos a la sidra.


La gabelle: sal, fronteras & una región que NO olvida

Normandía tiene un instinto casi sobrenatural para detectar impuestos injustos. La gente aquí lleva siglos luchando contra tasas absurdas — especialmente las del sidro. Los manchiegos eso NO lo dejan pasar.

Pero el impuesto más odiado era la gabelle, la tasa sobre la sal. Y La Manche quedó justo en medio de dos zonas fiscales:

  • Grandes Gabelles — mucha carga fiscal, alto control estatal,
  • Quart-Bouillon — derechos fiscales privilegiados, producción libre.

La frontera entre ambas no era política. Ni económica. Era… logística. Se trazó según la distancia que un mensajero a caballo podía recorrer en un día desde la bahía del Mont-Saint-Michel. Sí, de verdad: una frontera fiscal nacional basada en la resistencia estimada de un caballo. 🐎 Y si ese caballo hubiera sido normando, podría haber corrido tres días sin parar. Toda la teoría se habría ido al garete.


Los Nu-Pieds: la tradición normanda del “Ni hablar”

La Revolución no inventa el espíritu rebelde normando — lo hereda. En 1639, la región estalla en la revuelta de los Nu-Pieds contra la expansión de la gabelle.

No fue un motín improvisado, sino un movimiento muy organizado con sacerdotes, comerciantes y familias influyentes implicados. Su mensaje era clarísimo:

“Pagar, podemos pagar muchas cosas… pero esto NO.”

La represión fue brutal. Y la memoria colectiva, indeleble. Así que cuando la Revolución de 1789 empieza a hablar de igualdad y justicia fiscal, Normandía responde: «Ya era hora».


Los motines del pan: sobrevivir antes que ideologizar

La euforia inicial se desvanece rápidamente. La escasez de grano golpea incluso a regiones fértiles como La Manche, especialmente porque París exige prioridad para abastecerse.

Los manchiegos reaccionan con calma… pero con una determinación nada suave:

  • bloqueando convoyes de grano,
  • exigiendo ventas locales,
  • devolviendo carros requisados,
  • presentando peticiones parroquiales para medidas de emergencia.

Esto no fue desorden popular — fue supervivencia comunitaria.


Los assignats: una moneda creada con esperanza… destruida por la realidad

El gobierno revolucionario introduce los assignats, billetes respaldados por tierras confiscadas a la Iglesia. En París, suena a innovación brillante. En Normandía —tierra de contables meticulosos y agricultores prudentes— suena a desastre anunciado.

La inflación explota, las falsificaciones se multiplican, el valor se derrumba. Los assignats inspiran la misma confianza que una previsión meteorológica normanda que promete «cielos despejados».

El caos recuerda a la llegada del euro: de repente todo el mundo calcula en euros, francos y viejos francos. Algunas abuelas manchiegas hoy siguen usando los tres — ¡por si acaso!


🔥 Revolución al estilo Manche: sin Bastilla, pero con mucho fuego

La Manche no tomó la Bastilla — principalmente porque no tenía una. Pero el espíritu de 1789 sí barrió la región, y se manifestó de formas muy normandas:

  • Quemas simbólicas de documentos feudales y registros de impuestos en plazas, acompañadas por un cortés pero firme “ya no nos harán falta”.
  • Unidades de Guardia Nacional formadas rápidamente en Coutances, Avranches y Cherburgo — mezcla de civismo y “mejor organizarnos antes de que París envíe a alguien peor”.
  • Reorganizaciones municipales donde viejas élites fueron apartadas o “retiradas” y sustituidas por patriotas locales entusiastas.
  • Celebraciones públicas del nuevo orden constitucional, con campanas, estandartes y procesiones (Normandía ama una buena procesión).
  • Conflictos por el grano y los impuestos que reflejaban el ambiente parisino — sin guillotina, pero con mucha voz alta.

Incluso hubo temores locales de una “conspiración de bandidos”, eco de la Gran Miedo. Rumores decían que nobles planeaban quemar pueblos o arruinar cosechas — totalmente falso, pero muy acorde con la ansiedad nacional.

Así que, aunque no hubo Bastilla que derribar, la Manche vivió su propio 1789 — no en plazas parisinas, sino en graneros, salas parroquiales y mercados animados.


Creencias populares & brujería: la Manche conserva sus misterios

Aunque los juicios por brujería ya no existen, las tradiciones populares sobreviven: amuletos, plantas medicinales, rituales discretos en el bocage… Siguen ahí, silenciosas pero firmemente enraizadas.

Y un detalle magnífico: en Normandía, la mayoría de los acusados de brujería eran hombres. Mientras en otros lugares se temía a las “brujas”, aquí la gente señalaba tranquilamente a Pierre del camino de abajo diciendo: «Ese hace cosas raras».


1793: Francia en guerra & La Manche en el remolino

Francia lucha contra media Europa. La Royal Navy domina el Canal. París entra en modo pánico administrativo. Y la leva obligatoria cae como un mazazo sobre pueblos y aldeas. Si quieres encender una rebelión en La Manche, empieza por llevarte a sus hijos — especialmente después de haberles puesto impuestos a la sidra.


La Chouannerie en La Manche: guerrilla en el bocage

A mediados de la década de 1790, Normandía está exhausta: leva tras leva, tensiones religiosas, economía inestable y desgaste constante entre París y las provincias. Las zonas del Mortainais, Coutançais, Avranchin y Valognes se convierten en el corazón de la Chouannerie, una guerrilla rural profundamente arraigada.

No era una rebelión improvisada, sino una red altamente adaptada al terreno:

  • caminos hundidos invisibles desde lejos,
  • setos espesos del bocage que ocultan movimiento y sonido,
  • senderos secretos conocidos solo por los locales,
  • familias capaces de transmitir noticias más rápido que cualquier mensajero.

Uno de sus líderes más destacados fue Louis de Frotté, noble, oficial y estratega brillante de la guerra de guerrillas. Organizó compañías disciplinadas, ejecutó ataques planificados con precisión y mantuvo viva la resistencia mucho más tiempo de lo que París imaginaba.

Fue capturado y ejecutado en 1800 — pero su nombre permanece como símbolo eterno de la testarudez normanda.

El asedio de Granville (1793): un rotundo “No.”

En noviembre de 1793, tropas realistas y emigrados franceses intentan un golpe audaz: tomar Granville, una ciudad fortificada y decisiva para el control regional.

El plan era inteligente. La ejecución… no tanto.

Granville resiste. A pesar de murallas debilitadas, mal tiempo (marca registrada normanda) y escasos suministros, marineros, pescadores, comerciantes, guardias nacionales y vecinos defendieron la ciudad con determinación impresionante.

El ataque fracasa. Granville sigue siendo republicana. La ciudad suma otra línea a su reputación: Granville no cae fácilmente.


La catedral de Coutances: belleza bajo fuego revolucionario

Pocos monumentos sufren tanto durante la Revolución como la Catedral de Coutances. En los años más radicales, es transformada sucesivamente en:

  • almacén de grano,
  • Templo de la Razón,
  • Templo del Ser Supremo,
  • y depósito de materiales para la venta o la fundición.

Se destruyen estatuas, se desmonta el coro, se retiran rejas metálicas, y el plomo del tejado se funde para fabricar munición.

La catedral estuvo a un paso de desaparecer completamente, hasta que el representante republicano Duchamel intervino para detener la demolición. Reconoció su valor cultural y la salvó.

Cada visitante que hoy admira sus torres le debe un agradecimiento silencioso.


Napoleón, guerras & La Manche: bloqueos, contrabando & Camembert

Tras la tormenta revolucionaria llega otra clase de turbulencia: Napoleón Bonaparte. Un genio organizador, un estratega temido, un emperador ambicioso — y, según la tradición, un hombre que esperaba encontrar un buen Camembert en cada ciudad francesa. En Normandía, eso no se discute.

Para leer más sobre esta joya gastronómica: Leer nuestro blog del Camembert

⚔️ Las guerras napoleónicas en la costa

Entre 1793 y 1815, la costa normanda vive bajo la sombra constante de la guerra contra el Reino Unido:

  • bloqueo naval británico,
  • incursiones contra depósitos y pequeñas instalaciones portuarias,
  • auge de la corso autorizada (especialmente en Granville y Cherburgo),
  • reclutamientos masivos,
  • contrabando nocturno para sortear la prohibición comercial continental.

Por la noche, la costa se convierte en un juego de linternas, señales discretas y barcas rápidas — pura astucia normanda.


⚓ 1840: Napoleón regresa a Cherburgo — El “Retour des Cendres”

Uno de los momentos más extraordinarios del siglo XIX para la Manche llegó mucho después de la caída de Napoleón: el Retour des Cendres. El 30 de noviembre de 1840, el barco La Belle Poule — que transportaba las cenizas del Emperador desde Santa Elena de vuelta a Francia — hizo una parada solemne en Cherburgo.

Las orillas estaban abarrotadas. Las campanas repicaban. Veteranos con uniformes descoloridos saludaban. Para una región cuya costa Napoleón había fortificado, visitado, elogiado — y a veces aterrorizado con burocracia — fue un momento poderoso:

  • El puerto de Cherburgo se alzó orgulloso como uno de sus mayores legados de ingeniería.
  • Los viejos soldados lloraban al ver pasar la procesión.
  • Las autoridades locales ofrecieron honores formales en una ceremonia descrita como “profundamente conmovedora e inconfundiblemente normanda”.

La visita duró solo unas horas — pero dejó una huella permanente. Para la Manche, cerró un capítulo: el Emperador que había moldeado sus fortificaciones y sus temores volvía finalmente a casa, pasando una vez más por el puerto que había soñado convertir en el escudo de Francia frente a Gran Bretaña.


⚓ Cherburgo: la gran obsesión de Napoleón

Si Napoleón tenía un proyecto favorito, era Cherburgo. Su sueño: convertirlo en una fortaleza inquebrantable, capaz de rivalizar con la Royal Navy.

Bajo su influencia se construyen:

  • ampliaciones colosales del puerto exterior,
  • rompeolas monumentales,
  • nuevas baterías costeras,
  • arsenales modernizados.

El emperador visita la ciudad personalmente, anima a ingenieros y empuja el proyecto con admirable obstinación.


🏝️ Las islas Chausey: granito, contrabando & resistencia silenciosa

Frente a Granville se extienden las islas Chausey, pequeñas pero históricamente esenciales.

Durante la época napoleónica —y a lo largo de todo el siglo XIX— estas islas son:

  • un centro principal de extracción de granito (usado en París, Saint-Malo y Cherburgo),
  • un punto neurálgico del contrabando,
  • un objetivo de incursiones británicas,
  • hogar de una comunidad pequeña, fuerte y tremendamente ingeniosa.

Chausey es Normandía en miniatura: dura, hermosa, inteligente.


🏰 El Mont-Saint-Michel bajo el Imperio

Durante el Imperio, el Mont-Saint-Michel sigue siendo utilizado como prisión estatal. Tras la caída napoleónica, muchos prisioneros políticos son liberados o trasladados, pero la función carcelaria continúa años después.


La caída del Imperio & el reinicio silencioso de La Manche

En 1814, incluso las aldeas más remotas de La Manche sienten que el Imperio se derrumba. Los barcos británicos patrullan la costa, el comercio se paraliza, los pueblos pierden a su juventud.

Las incursiones aumentan, los pescadores viven en tensión constante, y el transporte marítimo se vuelve incierto. La Manche hace lo que siempre hace: reparar, adaptarse, avanzar — y refunfuñar lo justo.

Cuando Napoleón cae por primera vez, la región no celebra con euforia ni cae en desesperación. Simplemente exhala.

Miles de soldados regresan: más viejos, endurecidos, transformados. Reconfiguran familias, economía y visión del mundo.

Con el derrumbe del Sistema Continental, la Manche por fin pudo respirar. El gran plan de Napoleón para asfixiar a Gran Bretaña prohibiendo el comercio golpeó nuestra costa más que a ninguna otra: barcos inmovilizados, pesca restringida, comerciantes arruinados y familias enteras dependiendo del contrabando nocturno. Brillante en teoría, durísimo en la práctica — sobre todo para una región marítima cuya identidad nace del movimiento, las mareas y el intercambio.

Así que, cuando el bloqueo murió, todo cambió de golpe:

  • el comercio legal volvió (los mercaderes casi besaron los muelles),
  • las ganancias del contrabando cayeron (los contrabandistas no aplaudieron),
  • los puertos se reabrieron al mundo en lugar de a las sombras.

Luego llegó la Restauración borbónica, sin estruendo ni épica, pero con campanas de iglesia, un optimismo prudente y un deseo colectivo de dejar atrás dos décadas caóticas. Las parroquias se reactivaron, el clero regresó, volvieron las fiestas locales — y hasta los normandos más escépticos admitieron, en voz baja, que un poco de estabilidad no era tan mala idea.

La frenética expansión de Cherburgo se calmó, pero su importancia estratégica ya estaba grabada en el granito de sus diques. Granville se estabilizó, y los pueblos hicieron lo que mejor saben hacer: reparar, replantar y seguir adelante — esa tranquila normalidad que Normandía adora en secreto.

Para la Manche, la caída del Imperio no fue un drama. Fue un reinicio silencioso — un respiro profundo antes de un siglo de transformaciones.

El siglo XIX en La Manche: industria, piedra & reinvención tranquila

Con el Imperio ya en los libros de historia, La Manche entra en la nueva centuria con una energía práctica — sin estridencias, sin grandes proclamaciones, pero con la determinación silenciosa que caracteriza al Cotentin.


🪨 Granito, canteras & maestría cotentina

Las canteras de la región trabajan sin descanso. El granito de Montmartin-sur-Mer, Trelly, La Meurdraquière, Quettreville-sur-Sienne y los pueblos cercanos da forma a la Normandía moderna:

  • puentes que conectan aldeas y valles,
  • mercados y ayuntamientos en expansión,
  • paseos marítimos y fortificaciones costeras,
  • edificios públicos duraderos,
  • y las grandes obras portuarias de Cherburgo y Granville.

Los canteros cotentinos se vuelven conocidos por su resistencia, precisión y capacidad para transformar la piedra gris en obras útiles y hermosas.


🧈 Lechería & el nacimiento de las cooperativas

La tradición láctea manchiega florece. Aquí comienza la historia que acabará formando una de las grandes cooperativas francesas: Isigny Sainte-Mère. Aunque la fundación oficial es de 1909, su cultura cooperativa — producir juntos, tomar decisiones juntos, garantizar calidad juntos — nace durante el siglo XIX.

Las lecherías locales establecen estándares, comparten herramientas y conocimiento, y crean por primera vez un sistema económico estable para muchas familias rurales. La mantequilla y la crema de Normandía se convierten en éxitos en los mercados urbanos.


🚚 Caminos, diligencias & hosterías: una Manche conectada

Gracias a nuevas carreteras y rutas postales, la región se abre como nunca antes. La red de diligencias ofrece horarios más fiables, mejores conexiones y un transporte más cómodo que en siglos anteriores.

Y donde hay rutas frecuentes, aparecen las posadas. En Nicorps llegaron a existir cuatro hosterías distintas — incluida la antecesora de la actual Auberge de Brothelande. Una prueba silenciosa de que este pequeño pueblo era un punto importante de tránsito rural.


🏛️ Reparto de tierras & pequeños agricultores

La venta de los bienes nacionales confiscados durante la Revolución permite a muchas familias convertirse en propietarias por primera vez. De esta etapa nacen los paisajes agrícolas típicos de La Manche:

  • pequeñas explotaciones familiares,
  • praderas divididas por setos,
  • parcelas transmitidas de generación en generación.

Por eso hoy La Manche está formada por fincas familiares de piedra — no por grandes latifundios aristocráticos.


📉 Cambios demográficos

El siglo XIX trae transformaciones notables:

  • una temprana caída de la natalidad,
  • jóvenes que emigran a ciudades en crecimiento,
  • pero una identidad rural que permanece fuerte.

Además, los soldados napoleónicos que regresan influyen profundamente en la vida comunitaria — aportando experiencia, cicatrices y nuevas perspectivas del mundo.


La Manche marítima del siglo XIX: bacalao, vapor & cultura costera

🧱 Los Terre-Neuvas modernizan su flota

Los legendarios pescadores de bacalao de Granville — los Terre-Neuvas — transforman su flota:

  • barcos más grandes y resistentes,
  • mejor aparejo y equipamiento,
  • y la progresiva adopción de la tecnología de vapor.

De esta tradición nace una de las fiestas más queridas de Normandía: el Carnaval de Granville, reconocido por la UNESCO.

Originalmente era una celebración previa al duro viaje a Terranova. Leer más sobre el Carnaval de Granville


🌊 Faros: guardianes de la costa normanda

El siglo XIX establece una red de faros fundamentales para la navegación segura:

  • Faro de Gatteville — el segundo más alto de Europa,
  • Cap de Carteret — guía sobre corrientes peligrosas,
  • Faro de Granville — ilumina la Pointe du Roc,
  • Pointe d’Agon — señala bancos de arena cambiantes.

Estos faros transforman una costa históricamente peligrosa en una ruta relativamente segura. Relativamente. Es Normandía, después de todo.


Cultura del siglo XIX: educación, arte, fe & tradiciones

📚 Las leyes Guizot & Falloux

Las reformas educativas de 1833 (Guizot) y 1850 (Falloux) cambian profundamente la vida rural.

En La Manche significan:

  • escuelas nuevas en pueblos grandes y pequeños,
  • crecimiento rápido de la alfabetización,
  • maestros como figuras centrales de la comunidad,
  • niños que leen tanto como aran la tierra.

⛪ Renacimiento religioso

La Restauración borbónica trae de vuelta:

  • procesiones,
  • fiestas parroquiales,
  • hermandades,
  • y grandes restauraciones religiosas.

La Catedral de Coutances recupera su esplendor, así como muchas iglesias rurales dañadas durante la Revolución.


🗣️ Patois, papeleo & hablar rapidísimo

El patois normando sigue vivo en cocinas, graneros y mercados. El francés administrativo domina la escuela y los documentos… pero el corazón habla patois.

Y basta un vaso de sidra para que vuelva a escucharse. O para que los normandos hablen tan rápido que, para mis oídos británicos, suene igual que patois.

Muchas familias se vuelven “bilingües a su manera”: patois en casa, francés para el papeleo. Y Francia, naturalmente, sigue adorando el papeleo.


🎨 Artistas antes del Impresionismo

Mucho antes de Monet, Boudin o los impresionistas, otros artistas ya habían descubierto los cielos normandos:

  • Corot — luces suaves y paisajes marítimos,
  • Bonington — horizontes brillantes y cielos tormentosos,
  • Isabey — puertos, mareas y escenas costeras.

Ellos prepararon el terreno para la revolución artística que vendría después.


🌾 Ferias, fiestas & folklore

La modernización no borra las tradiciones — las fortalece:

  • Feria de Lessay — una de las más antiguas de Francia (siglo XI),
  • Feria de Gavray — famosa por el comercio de ganado,
  • fiestas de la manzana,
  • hogueras de San Juan,
  • teatro y música de aldea,
  • procesiones parroquiales llenas de color y tradición.

Y en Nicorps siguen en pie dos tejos históricos — mencionados ya en 1852 como “dos hermosos tejos” — que aún hoy vigilan tranquilamente generaciones enteras.


Conclusión: La Manche entra en la modernidad — silenciosa, lista & inconfundible

Desde setos rebeldes hasta diques imperiales, desde charlas en patois hasta destellos de faro, La Manche entra en la modernidad a su propio ritmo. Sin discursos. Solo un gesto, una sonrisa ladeada y ese brillo normando en la mirada.

En el próximo capítulo de nuestra serie: el siglo XX — guerras, reconstrucción, modernidad y el papel esencial de La Manche.


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