Historia de Normandía – Primera Guerra Mundial, Entreguerras y Siglo XX en La Manche (sin la parte del Día D)
Inicio · Disponibilidad · Reservar · Contacto · Ubicación · Reseñas
Primera publicación: diciembre de 2025
Bienvenido de nuevo a nuestra saga histórica de Normandía — donde cada siglo termina con La Manche dando un discreto asentimiento y una ceja levantada que sugiere: «otro más superado».
Al dejar atrás el siglo XIX, La Manche avanzaba con paso firme hacia la era moderna. Las reformas educativas habían llenado las aulas; las cooperativas fortalecían la producción lechera; las canteras de granito moldeaban la piedra con la que se construyó media Normandía occidental; y las ciudades costeras coqueteaban sin pudor con los placeres de la vida en la playa. Los telégrafos zumbaban, los trenes de vapor resoplaban y el departamento — famoso por desconfiar de todo lo que se inventa en París — adoptaba las nuevas ideas con calma práctica y su clásica dosis de escepticismo.
Hacia 1900, la vida en La Manche se sentía estable, próspera y silenciosamente optimista. Los pueblos bullían con ferias y mercados; los agricultores modernizaban herramientas y sistemas de pasto; los pescadores probaban cascos más resistentes; y Granville se reinventaba como el típico balneario donde uno podía curar los nervios y presumir su sombrero de vacaciones más elegante.
Pero el brillo de esta Belle Époque no duró. La Manche entró en el nuevo siglo con sol, postales y paseos marítimos… y en menos de una década, Europa se precipitaba hacia la guerra.
Así que toma un café, un calva, o ambos (¿o quizá echar el calva dentro del café?). El siglo XX está calentando motores — y La Manche está a punto de demostrar, una vez más, que la resiliencia recorre esta tierra como los propios setos.
1900–1914: Una Manche en movimiento
Los primeros años del siglo XX se sintieron como un regalo — un momento en el que Normandía respiraba mejor, vivía más intensamente y coqueteaba abiertamente con la modernidad.
🚂 Trenes, carreteras y nuevas conexiones
El ferrocarril ya estaba revolucionando la vida diaria. La línea París–Granville abrió en 1870, pero a comienzos del siglo XX se había convertido en la arteria palpitante del departamento. Los agricultores podían vender fuera de su cantón. Los veraneantes llegaban con baúles llenos de entusiasmo. Estudiantes, soldados, comerciantes y músicos viajaban con una libertad inimaginable una generación antes.
Luego llegó 1908 y los espléndidos trenes de placer — trenes estivales llenos de alegría que unían Granville, Avranches y Sourdeval. Saint-Pair-sur-Mer se convirtió en una parada de moda, con villas, cafés y sombrillas por todas partes.
Llegaron mejoras en las carreteras, mejores rutas postales y estaciones de telégrafo siempre activas. La Manche no corría — avanzaba con paso seguro hacia una nueva era.
🌊 El auge de la Normandía costera
La costa prosperaba — no discretamente, no modestamente, sino con un descarado aire de balneario orgulloso.
Granville lideraba esta transformación:
- El paseo Plat-Gousset deslumbraba a los visitantes con vistas al mar y elegantes paseantes.
- Hoteles imponentes — el Normandy, el Hôtel des Bains — recibían a parisinos deseosos de lucirse.
- El baño de mar dejó de ser un tratamiento médico y se convirtió en un estilo de vida.
- Las villas en los acantilados mezclaban encanto normando con más inspiración británica de la que la mayoría admitiría.
Los pueblos vecinos siguieron este renacimiento costero:
- Donville-les-Bains abrazó su identidad de estación balnearia.
- Saint-Pair-sur-Mer construyó villas caprichosas al estilo chalet, llenas de colores.
- Jullouville surgió como el “nuevo” balneario normando — diseñado desde cero.
- Carolles atrajo a pintores, escritores y parisinos deseosos de aire marino y paseos por los acantilados.
📚 Cultura, aulas y vida cotidiana
Las escuelas prosperaban gracias a las reformas del siglo XIX. El patois normando seguía reinando en cocinas y graneros, mientras que el francés que conocemos hoy dominaba los trámites oficiales. Los mercados se llenaban. Las granjas lecheras modernizaban herramientas. Los pescadores experimentaban con nuevos aparejos. Fotógrafos instalaban estudios temporales en la playa. Los vendedores de postales se hacían pequeños fortunas.
La vida era tranquila, segura y miraba hacia adelante. Hasta agosto de 1914.
1914: Llega la guerra y La Manche se prepara
La guerra llegó primero en papel — avisos de movilización clavados en puertas de iglesias, ayuntamientos y estaciones. Luego llegó en los ojos de las familias despidiendo a hijos, hermanos y maridos en los andenes de Granville, Coutances, Avranches y Saint-Lô.
La Manche hizo lo que siempre hace — se adaptó, se quejó un poco, compartió un calva y siguió adelante.
🐎 Las requisiciones sacuden el campo
Los caballos eran el motor de la vida rural. Cuando el ejército los requisó para transporte y artillería, el efecto arrasó como una tormenta. El arado se ralentizó. Las entregas fallaron. Los mercados eran más pobres.
Los postes de telégrafo, rutas postales y puntos de observación costeros quedaron bajo control militar. Las zonas de pesca se restringieron. Incluso lejos del frente, La Manche sentía la presión.
⚠️ Un extraño episodio: el ataque alemán de 1914
Aunque Normandía no vio batallas, un comando alemán lanzó en septiembre de 1914 un insólito ataque para volar los puentes de Oissel y Elbeuf. La operación fracasó, pero sacudió al norte de Francia y recordó a regiones lejanas como La Manche que la guerra podía aparecer en formas inesperadas.
🇧🇪 Llegan refugiados — La Manche abre sus puertas
Cuando Alemania invadió Bélgica, miles huyeron hacia el sur. La Manche recibió a muchos refugiados — especialmente a través de Cherbourg y Granville.
Entre 1914 y 1917, el departamento acogió a 10.758 refugiados del norte y este de Francia, seguidos por otros 15.095 en 1918. Además, alrededor de 5.000 civiles belgas se instalaron temporalmente en la región.
Su presencia transformó la vida local:
- Las aulas absorbieron nuevos dialectos y nombres desconocidos.
- Los talleres ganaron manos expertas para reemplazar a los hombres movilizados.
- Los mercados y cafés se volvieron multilingües de la noche a la mañana.
- Los pueblos aprendieron a compartir, a adaptar sus recursos y a cuidarse mutuamente.
Muchos refugiados nunca se marcharon, convirtiéndose en parte de la memoria viva de La Manche.
⚓ La Manche en guerra: puertos, industria y tensión diaria
Aunque Normandía estaba lejos del frente, su costa e industrias se volvieron fundamentales para el esfuerzo bélico. Cherbourg, en particular, se convirtió en un eje logístico vital:
- Simon Frères (Cherbourg) fabricaba proyectiles y piezas de artillería.
- Las fábricas Dior (Granville) producían componentes para equipos de guerra química.
- La escasez de carbón causó interrupciones graves en los buques de vapor.
- Tropas extranjeras — belgas, polacas, portuguesas y más tarde estadounidenses — se instalaron por todo el departamento.
Las calles se llenaron de uniformes desconocidos. Las pensiones se convirtieron en cuarteles. Los talleres dejaron los bienes civiles para producir maquinaria militar. El ritmo tranquilo de La Manche se endureció.
🪖 El casco Adrian: una innovación que salvó un millón de vidas
El general Louis-Auguste Adrian — cuya influencia se extendió por toda Francia — revolucionó la guerra moderna en 1915 introduciendo el casco Adrian.
Antes de su diseño, los soldados franceses iban al frente con gorras de tela. El nuevo casco de acero ligero redujo drásticamente las muertes por metralla — salvando aproximadamente un millón de vidas.
La Manche adoptó rápidamente el casco en sus depósitos, zonas de entrenamiento y puntos de defensa costera. Hoy, el Adrian sigue siendo un símbolo poderoso de ingenio nacido de la necesidad.
⛓️ Prisioneros de guerra, trabajos forzados e internamiento civil
La guerra transformó los paisajes de La Manche de maneras inesperadas:
- Cherbourg albergó enormes cantidades de prisioneros alemanes — hasta 50.000 entre 1918 y 1919.
- Las canteras de Mortain empleaban mano de obra alemana.
- Coutances utilizó prisioneros búlgaros.
- Saint-Lô creó un campo de prisioneros en el hipódromo de Ronchettes.
Aún más impactantes fueron los centros de internamiento para civiles alemanes y austrohúngaros considerados “indeseables”:
- Chausey internó a 617 personas que reparaban rampas, edificios y la escuela de la isla.
- Tatihou funcionó como centro civil de internamiento.
- Granville habilitó la antigua fábrica de cuerdas para alojar civiles detenidos.
Estas islas y ciudades — normalmente asociadas al mar, a las algas y a paseos tranquilos — adquirieron un papel sombrío durante la guerra.
🔚 Fin de la guerra: alivio, duelo y una Manche cambiada para siempre
La Primera Guerra Mundial nunca llegó a La Manche como campo de batalla, pero dejó heridas profundas. Más de 10.000 habitantes murieron. Cada comuna — incluso pueblos diminutos como Nicorps — erigió un monumento a los caídos para recordar a los hijos que nunca volvieron.
Las familias lloraron en silencio. Las granjas lucharon sin sus jóvenes. Las mujeres sostuvieron comunidades enteras. Y aun así, poco a poco, la vida regresó.
😷 1918–1919: La gripe española arrasa La Manche
Justo cuando las campanas repicaban por la paz, llegó un nuevo desastre: la gripe española. Las regiones costeras como La Manche sufrieron especialmente:
- los puertos propagaban la infección rápidamente,
- los soldados que regresaban traían cepas altamente agresivas,
- el personal médico estaba exhausto tras cuatro años de guerra,
- las zonas rurales contaban con pocos médicos.
Algunos pueblos perdieron más habitantes por la gripe que en las trincheras. Las escuelas cerraron. Las familias se aislaron. Los sacerdotes celebraban funerales uno tras otro.
Fue una catástrofe silenciosa — pero profundamente marcada en la memoria colectiva.
1919–1939: Paz, renacimiento y la edad dorada de la costa de La Manche
Cuando por fin callaron los cañones, los hogares de La Manche emergieron en una paz frágil. El duelo seguía presente, pero también una firme determinación. Los años de entreguerras se convirtieron en un tiempo de reconstrucción, reencuentro con la alegría y un renacer especialmente vibrante en la costa.
🌞 Regresa el turismo — más fuerte que antes
En las décadas de 1920 y 1930, la costa de La Manche brilló más que nunca. Granville, Saint-Pair-sur-Mer, Donville-les-Bains, Jullouville y Carolles abrazaron con entusiasmo la renovada pasión por el ocio marítimo.
Los visitantes acudían atraídos por:
- amplias playas de arena bordeadas por coloridas casetas de baño,
- paseos marítimos perfectos para caminar y observar,
- cafés frente al mar que servían galettes y bebidas frescas a parisinos tostados por el sol,
- villas costeras que mezclaban la piedra normanda con un alegre capricho arquitectónico.
Granville, especialmente, vibraba con vida. Sus paseos por los acantilados, terrazas de café y vistas de postal se convirtieron en imanes para quienes buscaban aire marino y un toque de glamour.
🎭 1920: El Carnaval de Granville renace
Si hubo un evento que simbolizó mejor el regreso de la alegría, fue el renacimiento del Carnaval de Granville en febrero de 1920. Silenciado durante la guerra, regresó con la energía de una comunidad decidida a reír de nuevo.
Carrozas satíricas recorrieron las calles. Músicos llenaron el aire de metales y travesuras. El confeti cayó como una nevada festiva. Los pescadores bailaron junto a los obreros. Los niños lucieron disfraces hechos con retales.
No era solo una fiesta — era una declaración: la vida continúa aquí.
Lee nuestro blog sobre el Carnaval de Granville
🏖️ El ritmo del periodo de entreguerras: La Manche de los años 20 y 30 cobra vida
Entre ambas guerras, La Manche encontró un nuevo ritmo — práctico, creativo y discretamente seguro de sí mismo. El departamento se sentía más conectado que nunca gracias a enlaces ferroviarios eficaces, redes postales en expansión y carreteras cada vez mejores.
La costa floreció culturalmente. Los pueblos del interior se modernizaron. Se abrieron cines en Coutances, Avranches y Granville, proyectando noticiarios, comedias, romances y fragmentos de un mundo más allá del bocage. Los maestros encontraron aulas más llenas que nunca. Los mercados prosperaron. Las granjas lecheras experimentaron con mecanización temprana y refrigeración mejorada.
Fue un periodo de estabilidad relativa — una Manche que se acomodaba con naturalidad a la modernidad.
👗 Dior en Granville: Una infancia que moldeó a una leyenda
Mucho antes de revolucionar la moda parisina, Christian Dior era un niño tranquilo que paseaba por los jardines de la Villa Les Rhumbs en Granville. La casa — con su simetría, colores suaves, jardines de rosas y vistas dramáticas al mar — moldeó su sensibilidad estética mucho antes de que dibujara su primer vestido.
Durante los años de entreguerras, la residencia familiar Dior siguió siendo una de las joyas de la Haute Ville de Granville. Su refinada atmósfera resonaría años después en el estilo del diseñador: líneas suaves, luz marina, elegancia nacida de la naturaleza. Aunque marchara a otros mundos, la costa de La Manche dejó una huella imborrable en su mirada artística.
🏰 La Plaza Cambernon — Una historia grabada en piedra
Subir a la Haute Ville de Granville conduce a la Place Cambernon — antaño un mercado medieval bullicioso, hoy una plaza tranquila repleta de historias. Una placa recuerda la conexión histórica entre la familia Matignon y Mónaco, recordándonos que el legado de Granville va mucho más allá de sus acantilados.
No hay escándalo — solo linaje, legado y la manera en que Normandía se entrelaza silenciosamente con la historia europea en los momentos más inesperados.
1939–1945: La Manche bajo ocupación (sin la parte del Día D)
Ahora entramos en la Segunda Guerra Mundial — sin el desembarco del Día D, porque eso vive en su propia categoría de blog:
Explora nuestros blogs sobre el Día D y la Segunda Guerra Mundial
Aquí nos centramos en todo lo demás que La Manche vivió intensamente: ocupación, miedo, solidaridad, resistencia y el valor cotidiano de la gente común.
⚠️ 1940: Llegan los alemanes
Las fuerzas alemanas entraron en La Manche en junio de 1940. Nuevas normas aparecieron en las puertas de los ayuntamientos. Las banderas cambiaron de la noche a la mañana. Las radios fueron confiscadas o controladas. Los movimientos por la costa quedaron bajo vigilancia estricta.
Las familias de pescadores fueron interrogadas y se les restringió el acceso a caladeros tradicionales. Los agricultores tuvieron que enfrentarse a oficiales de requisición que exigían ganado, carros y cosechas. Las tiendas ajustaron precios bajo el racionamiento; las escuelas se adaptaron a la presión. La vida diaria se encogió bajo la ocupación.
🕵️♂️ Resistencia en el bocage: silenciosa, astuta y profundamente manchese
Si hay algo para lo que el bocage fue diseñado, es para el secreto. Y el secreto se convirtió en la línea de vida de la resistencia en La Manche.
Detrás de los setos y dentro de los graneros, la gente organizó redes que París jamás comprendería del todo:
- ocultando a jóvenes que huían del STO — el Service du Travail Obligatoire (Servicio de Trabajo Obligatorio en Alemania) — en desvanes y pajares,
- guiando a pilotos aliados por caminos hundidos invisibles desde el aire,
- cortando líneas telefónicas y saboteando vías férreas,
- imprimiendo periódicos clandestinos en cafés y talleres,
- coordinando lanzamientos de armas en campos aislados mediante mensajes codificados.
El Servicio Mundial de la BBC se convirtió en un aliado secreto. Las comunidades se reunían tras postigos cerrados — radios ocultas bajo mantas o escondidas en hornos de pan — porque escuchar emisiones extranjeras estaba estrictamente prohibido por los ocupantes. Aun así, la gente se acercaba, conteniendo la respiración, mientras los mensajes cruzaban el Canal:
- “Le vent souffle sur la colline”
- “La chèvre a mangé mes pantoufles”
Cada frase significaba algo preciso: esta noche, preparaos.
📰 1941: “Camille” habla en Le Granvillais
El 21 de septiembre de 1941, un escritor anónimo — que firmaba solo como “Camille” — publicó un valiente artículo en Le Granvillais denunciando las leyes antijudías de Vichy.
Circuló discretamente por tiendas, cafés y hogares. Provocó conversaciones en voz baja y preocupación creciente. Recordó a las familias que debían cuidarse mutuamente. Pero fue peligroso — muy peligroso — y no pasó desapercibido para los ocupantes.
📚 Maurice Marland: maestro, rebelde y leyenda local
Algunos héroes empuñan rifles. El héroe más notable de La Manche empuñaba planes de clase.
Maurice Marland, nacido en 1888, enseñaba inglés, francés y civismo — un hombre que creía profundamente en la igualdad y la ciudadanía. Cuando la guerra envolvió Normandía, transformó esos valores en acción.
Él:
- organizó la acogida de refugiados belgas en 1939,
- ayudó a evacuar tropas británicas a través de canales locales,
- creó rutas de escape hacia Jersey junto a Jules Leprince,
- construyó una red de inteligencia que monitorizaba la actividad alemana en puertos y ferrocarriles.
Arrestado y liberado dos veces, siguió adelante. En julio de 1944 fue capturado nuevamente — esta vez traicionado por colaboradores franceses — y ejecutado en el bosque de La Lucerne.
Hoy, escuelas y calles llevan su nombre para asegurar que su historia no se olvide.
🏰 El Muro Atlántico: hormigón frente al mar
En 1942, el ejército alemán comenzó a fortificar la costa con hormigón — mucho hormigón. El Muro Atlántico transformó dramáticamente el litoral de La Manche.
- Casamatas vigilaban Barneville y Carteret.
- Puestos de observación controlaban las mareas cerca de Agon-Coutainville.
- Baterías protegían los accesos a Granville.
- Playas que antes acogían sombrillas se convirtieron en zonas prohibidas.
Los agricultores encontraron trincheras atravesando sus campos. Los niños crecieron junto a búnkeres. La vida diaria se inclinó bajo el peso de la militarización.
💣 Saint-Lô: La capital de las ruinas
A comienzos de junio de 1944, los bombardeos aliados devastaron Saint-Lô — un cruce estratégico para las operaciones alemanas. Trágicamente, la orden de evacuación nunca llegó a la mayoría de los habitantes.
La destrucción fue casi absoluta: el 90% de la ciudad desapareció. Hospitales, archivos, escuelas, comercios, calles enteras — todo quedó reducido a escombros. La catedral ardió intensamente, más tarde preservada como recordatorio deliberado de la pérdida.
Los supervivientes describieron:
- cenizas cayendo “como nieve negra”,
- familias atrapadas en sótanos escuchando cómo la ciudad se derrumbaba encima,
- un silencio posterior que parecía irreal.
Cuando las tropas estadounidenses alcanzaron las ruinas semanas después, encontraron una ciudad irreconocible, pero viva. Saint-Lô ganó — y aún lleva — su título: La Capital de las Ruinas.
1945 en adelante: Liberación, reconstrucción y una nueva Manche
La liberación llegó poco a poco, pueblo a pueblo, campo a campo. Las comunidades de La Manche emergieron de graneros, sótanos y escondites para recuperar calles, reconstruir hogares, reabrir granjas y reavivar la vida que había quedado en silencio bajo la ocupación.
- los puertos fueron reparados y reabiertos,
- las escuelas reconstruidas y ampliadas,
- las granjas modernizadas con nueva maquinaria,
- nuevas industrias se establecieron,
- el turismo renació con optimismo renovado.
La Manche avanzó — con cautela al principio, luego con confianza — hacia la segunda mitad del siglo XX.
Conclusión: La Manche atraviesa el fuego — y sigue caminando
Desde el glamour costero hasta dos guerras mundiales, desde mensajes codificados en el bocage hasta ciudades reducidas a escombros, La Manche soportó los trastornos del siglo XX igual que todas las tormentas anteriores — con coraje, humor, terquedad resiliente y una callada determinación de ver el amanecer siguiente.
Y, sinceramente, no hay nada que los manchese disfruten más que hablar del tiempo — especialmente después de sobrevivir a tanto del mismo.
En nuestro capítulo final de la serie histórica de Normandía, entraremos en las décadas de posguerra y seguiremos a La Manche hacia el mundo que conocemos hoy: reconstruyendo, reinventando, modernizándose — y manteniendo esa clásica ceja levantada ante todo lo que no termina de convencerla.
